Hizo el Señor el mar.

Todas las criaturas quedaron en suspenso al contemplar la grandeza y majestad del océano, su inmensidad, su variedad infinita, su profundidad...

No se volvería a ver nada igual sino hasta Shakespeare.

Estaba orgulloso el Creador de su obra.

En eso apareció una caterva de sujetos.

Dijo uno:
-Demasiada agua.

Dijo otro:
-Demasiado ruido.

Dijo el tercero:
-Demasiada extensión.

Habían nacido los críticos.

Los miró el Señor, y vio que no eran buenos.